Llegamos a su apartamento, y ella abrió la puerta. Yo entré inmediatamente, ella me quedó mirando y después sonrió.
— Soy mujer de palabra, no te iba a dejar en la calle — me dijo.
Yo me encogí de hombros; todo podía pasar con ella, así que era mejor estar prevenido.
— Quédate aquí, me pondré cómoda — me dijo.
Yo asentí con la cabeza. Ella desapareció en su habitación, y yo me quedé mirando y husmeando el lugar. En un estante había una foto, me acerqué y la observé. Era una Kat mucho más jo