Ojos azules.
Edward suspiró por enésima vez esa noche, las palabras de Anya aún seguían en su mente, aunque el ambiente que los rodeaba se había vuelto tenso, nadie dijo nada. Ni siquiera Anya que deseaba gritarle con todas sus fuerzas mientras lo observaba comer, a gusto y sereno, como si ella no importara.
Aunque para Edward eso estaba lejos de la realidad, Anya no lo sabía.
—Anya. —Dijo Edward con voz firme, apoyando suavemente su mano en la mesa—. Hay algo que necesito saber y quiero que seas honesta