Mis trillizos son nietos de una CEO.
Las puertas de la mansión Castelli se abrieron lentamente, como si también ellas quisieran recibir a la heredera legítima con el respeto que no se le había dado antes.
Anya dio un paso dentro, sosteniendo el fular en el que los trillizos dormían entrelazados en el calor de su pecho. La casa era enorme. Antigua y elegante, pero a diferencia de la mansión Vanderbilt, esta no era fría.
El mármol de los pasillos reflejaba la luz de las lámparas de cristal que colgaban del techo. Las columnas eran a