Legítima heredera.
El sonido de los cristales rotos aún vibraban en el aire cuando Edward se puso de pie, casi por reflejo.
—¡Anya! —Exclamó corriendo hacia ella, tan pronto llegó bajó la mirada a sus manos temblorosas, al suelo cubierto de trozos afilados, inspeccionando si se había cortado, pero ella no se movía—. ¿Te has hecho daño? —Le preguntó preocupado, pero Anya no respondió. No por la indiferencia de antes, o por lo hipócrita que se sentía él mismo, al preocuparse ahora, cuando él mismo la había golpead