La indiferencia del CEO.
La manecilla del reloj marcaba las once cuando Anya cruzó el umbral principal de la mansión Vanderbilt.
Los guardias como siempre estaban atentos a todo, se preguntó en qué momento era que dormían, pero no dijo nada. Ni siquiera los saludó, ninguno de ellos merecía siquiera escucharla hablar.
Entró a la mansión y se sorprendió al ver todo a oscuras, con nada más que el sonido de sus tacones resonando en los pasillos.
Subió las escaleras y caminó directo a su habitación, guiándose únicamente por