Acuarela nocturna.
El sol se filtraba por las cortinas abiertas de la habitación, yendo directamente hacia la cama mal tendida.
En el apartamento reinaba un silencio absoluto, excepto por el leve golpeteo de una gotera en la cocina y del ventilador averiado de la sala.
Stella abrió los ojos abruptamente al sentir el calor, y escuchar los latidos debajo de ella, que eran definitivamente humanos.
Alzó la cabeza. Su mejilla descansaba en el pecho desnudo de Alan.
El corazón se le detuvo por un instante. Saltó hacia