70. Narra Anastasia
Apenas unos metros nos separaban, pero en ese espacio suspendido en el tiempo cabían meses de distancia, silencios forzados, lágrimas derramadas en la intimidad y la brutal revelación de un mundo corporativo que se desmoronaba por completo. No había coches de lujo aparcados con motores encendidos, ni escoltas vigilando la manzana, ni disfraces de magnate intocable. Estaba solo, soportando el viento gélido de la noche con una paciencia casi irreal.
Maverick no se movió al verme llegar. Sus ojos