44. Narra Anastasia
Habían pasado tres días exactos desde que Maverick Kleinman se había marchado de mi apartamento con la derrota grabada en los ojos. Tres días desde que el peso de MAVE, los contratos y la doble vida clandestina se desprendieron de mis hombros para siempre. La libertad se sentía real, pero también venía acompañada de una urgencia muy terrenal: necesitaba dinero. Pagar la penalización de rescisión había dejado mis cuentas tiritando, y aunque ya no estaba atada a ninguna jaula dorada, el alquiler,