25. Narra Anastasia
Londres nos recibió con una lluvia gris y persistente, pero el interior de las oficinas donde pasamos la mañana era un despliegue de cristal y acero. Durante horas, fuimos un equipo perfecto. Yo gestionaba la logística, coordinaba las llamadas y revisaba las cifras, mientras Maverick se movía entre los inversores con esa frialdad quirúrgica que lo caracterizaba. Él era el depredador en su entorno, y yo, su extensión más eficiente.
Sin embargo, en cuanto cerramos el último trato a media tarde, l