Al oírlo, sus amigos se quedaron mudos.
¿No había sido Emilia la mujer que le gustaba “desde siempre”? Con bebé en camino y su “mundo de dos”, ¿no debía estar feliz?
Se miraron entre sí, y la misma idea, absurda y súbita, les cruzó por la cabeza.
—¡Oye, Dylan, no me digas que de verdad te enamoraste de María!
—¿No decías que cuando te casaste era puro trámite, nada serio…?
Dylan no respondió. El silencio se alargó a ambos lados de la llamada.
Al final, uno sugirió en voz baja:
—¿Y si vas a los l