Mario probablemente venía directamente de la oficina.
Llevaba un traje de tres piezas al estilo británico que le sentaba excepcionalmente bien, irradiando el encanto de un hombre exitoso y joven, con un aire de sofisticación en su mirada. Varias jóvenes lo miraban de reojo, claramente cautivadas.
Mario, acostumbrado a tales miradas, se acercó a Ana y, alzando la vista hacia el enorme póster del cine, le preguntó: —¿Quieres ver esta película?
Ana apretó discretamente la entrada de cine en su ma