La luz de la tarde era suave y cálida.
Dulcinea se despertó de su siesta, y como los niños aún dormían, decidió hojear una revista en la sala de estar… En ese momento, se escuchó un golpeteo en la puerta y la voz de la sirvienta:
—Señora, Catalina ha traído a alguien que quiere verla.
Dulcinea apretó ligeramente los dedos.
Luego, dejó la revista a un lado y respondió en voz alta:
—Dile que la veré en la sala de estar pequeña.
…
En la pequeña sala de estar, un hombre con aspecto de chofer estaba