Luis, sin embargo, regresaba a casa todas las noches.
Solo que ya no la forzaba a tener intimidad, a veces incluso dormía en el estudio.
Pensaba que, con el tiempo, Dulcinea cedería, tenían un hijo en común.
Trataba a Leonardo con mucho cariño, lo consentía.
Quince días después, la salud de Dulcinea empeoró, algunas mañanas escupía grandes cantidades de sangre.
No buscó tratamiento.
Había renunciado a su vida…
Por la tarde, sentada en el jardín, dejaba que la brisa la acariciara, su figura delga