Capítulo 631
Con una voz más suave, preguntó:

—¿Es para mí?

Antes de que Dulcinea pudiera responder, él añadió:

—No hace falta que te molestes. Comprar ropa hecha es mucho más fácil.

Dulcinea se sentó.

Su rostro estaba pálido. Tomó la lana de sus manos y acarició los hilos suaves con sus delicados dedos, con un aire de melancolía.

Finalmente, susurró:

—Es para Leonardo.

El rostro de Luis se tensó. Después de un largo momento, su expresión se suavizó un poco y esbozó una sonrisa forzada:

—Claro, ¿para quién m
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