El rostro de Alberto mostró una grieta de dolor.
Después de una pausa, continuó:
—Ella… tiene un corazón blando.
Dulcinea recordó que, dos años atrás, Ana le había ayudado mucho cuando fue a Bariloche para cuidar de la familia de Leandro. Estaba profundamente agradecida.
Estaba a punto de hablar, pero se detuvo al ver la expresión de su hermano.
De repente, preguntó:
—Hermano, ¿te gusta ella?
El rostro de Alberto reflejaba dolor, pero no lo negó. Pidió un cigarrillo al guardia y, mientras lo enc