Luis no se resistió.
Miró su mano y con voz baja dijo:
—Mañana volaremos a Ciudad BA. Por la noche, iremos a una cena juntos.
Dulcinea sabía que él estaba trabajando en un gran proyecto.
Ir a Ciudad BA significaba reunirse con los socios.
Ya no era una niña ingenua, había aprendido a negociar.
—Dices que no puedes liberar a mi hermano, pero sé que tienes el poder para que su vida en prisión sea más llevadera.
En ese momento, el crepúsculo se llevó el último rayo de sol.
Su rostro, delicado y peq