Luis tampoco esperaba una respuesta. Salió rápidamente, bajó las escaleras y se subió al coche, donde se sintió un poco más aliviado.
La hermosa secretaria Catalina estaba sentada frente a él.
Luis se aflojó la corbata, cerró los ojos y suspiró:
—Tú también piensas que no debería haberla traído de vuelta, ¿verdad?
Catalina sonrió con discreción:
—Una secretaria competente no se mete en la vida personal de su jefe.
Luis entreabrió los ojos y la miró fríamente.
…
Esa noche, Luis tuvo una reunión e