Pero él estaba claramente distraído, todo el tiempo pensando en lo que Ana había dicho:
«Si no la amas, ¿permitirías que la hermana de Alberto lleve tu hijo?»
Luis pensó que no amaría a Dulcinea. A él le gustaban las mujeres maduras, informadas, con experiencia, y Dulcinea era tan verde como una fruta sin madurar. ¿Qué tenía de bueno? Casi dormido, se repitió a sí mismo:
«No me he enamorado de Dulcinea.»
…
Ana subió al auto. Su asistente, Manuel, se inclinó hacia un lado y preguntó suavemente:
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