Al llegar a su lado, puso una mano ligera sobre su delgado hombro.
Luis observó a Ana alejarse y, entrecerrando los ojos, le preguntó de nuevo a Dulcinea:
—Dulci, ¿qué estás mirando?
Agachándose lentamente, sus dedos nudosos y definidos acariciaron el mentón delicado de Dulcinea.
Ella levantó la cabeza, con grandes ojos llenos de lágrimas, y mordió su labio.
—¡Estaban peleando muy fuerte! —respondió, lanzándose hacia él en un abrazo.
Aunque llevaba seis meses de embarazo, apenas pesaba cien libr