Leandro, desde el sofá, la observaba. Aunque no la conocía, al ver su parecido con los hermanos Fernández, intuyó quién era ella. Aunque llevaba resentimiento en los ojos, se contuvo ante su madre:
—¿Qué haces aquí?
Manuel intentó hablar, pero Ana lo detuvo con un gesto. Se sentó junto a Leandro, observando sus manos discapacitadas. Después de un momento, dijo con suavidad:
—Dulcinea me pidió que viniera a cuidarte.
Leandro la observó con sorpresa, sus ojos reflejaban el desconcierto ante la rev