Capítulo 447
Observaba en silencio a Leandro, quien, a pesar de las heridas, mantenía un aire distinguido y atractivo.

Luis esbozó una leve sonrisa, saboreando las palabras:

—¿Tomados de la mano? ¿Qué mano agarraste?

Ya de pie, tomó el bate de béisbol con decisión.

Leandro levantó la mirada, fijando sus ojos en el hombre que tenía enfrente; todavía no podía creer que aquel fuera el esposo de Dulcinea… Dulcinea, tan delicada y frágil, contrastaba con su esposo, de naturaleza brutal.

Leandro apretó los diente
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georgina PazsoldanQue patético hace lo mismo que le hicieron a el por lo que de inocente no tiene nada y no lo justifica en su proceder, a quien debería reclamar es a Alberto no a los inocentes no me agrada como ser humano
erika raquel peraza hernandezLuis está loco,, levándose inocentes por el camino,, con razón le pasó lo que le pasó
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