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—¡Hermano! —exclamó Ana al despertar de un sueño perturbador.
Abrió los ojos y se encontró sumida en la oscuridad.
Había tenido una pesadilla, un sueño agitado en el que Luis maltrataba a Dulcinea, tejiendo un final trágico para ambos, reminiscente de las vicisitudes que vivió con Mario entre alegrías y penas.
Aterrada, Ana se sentó en la cama, abrazándose a sí misma mientras aún temblaba por la vívida impresión del sueño.
El miedo parecía tangible, palpable en la penumbra de la habitación.
De