Mario se quedó perplejo por un momento, pero luego, su corazón empezó a latir con fuerza.
Ana había vuelto, y con los niños…
Al ver que Mario no reaccionaba, el conductor Mateo habló con un tono aún más alegre:
—Oye, la pequeña Emma ha crecido mucho, ¿y el pequeño Enrique ya camina, cierto? Se ve muy bien, es igualito a ti.
Emma, Enrique…
El corazón de Mario latía acelerado, y sin poder contenerse, exclamó:
—¡El hijo de Ana y yo, claro que se parece a mí!
Con las piernas temblorosas, abrió la