Cuando Mario entró en la habitación del hospital, lo hizo con serenidad. La luz brillante hacía que la pareja abrazada pareciera aún más llamativa, un recordatorio de la ternura que una vez fue exclusivamente suya.
Frente a la calma de Mario, Víctor se mostró visiblemente alterado. Con cuidado, soltó a Ana y la llevó al baño, indicándole que se quedara allí. Luego, comenzó a quitarse el abrigo y desabrocharse los puños de la camisa, sus movimientos lentos pero llenos de tensión.
Mario estaba igu