Carmen colocó un conjunto de llaves brillantes sobre el escritorio de Mario. A pesar de la situación, logró esbozar una sonrisa apropiada y dijo: —Antes de venir aquí, lo discutí con el padre de Ana. Ya hemos despedido a los dos cuidadores y no viviremos más en esa gran casa... Nos mudaremos esta tarde. En cuanto a Luis, decide tú qué hacer con él. Pero estamos preparados; con un poco de suerte, quizás tengamos la oportunidad de verlo regresar en nuestros últimos años.
Su voz se quebró ligeramen