Ana levantó la mirada hacia Mario, cuyos ojos reflejaban una complejidad de emociones que ella no lograba descifrar.
Después de un momento, Mario le preguntó con indiferencia: —¿Has encontrado estos documentos?
Señalando los papeles en el suelo, Ana temblaba incontrolablemente: —¿Has estado usando a un psicólogo para analizarme, para manipularme? ¿Qué soy para ti, Mario? ¿Tu esposa o simplemente un juguete personal? Dices que me quieres, ¿pero tu manera de quererme es desnudarme y analizarme fr