En esa situación, Ana se encontraba completamente vulnerable bajo la luz brillante del estudio, con su bata abierta, exponiendo su piel blanca y resplandeciente.
Mario, con un agarre firme en su cintura, incluso llegó a darle una palmada despectiva en las nalgas, riendo con desdén: —Ahora te voy a mostrar lo que es ser un juguete para un hombre.
Ana se quedó pálida, sin escapatoria. Bajo la luz intensa, fue manejada y tratada con rudeza por Mario, de una manera que ni siquiera una prostituta me