Al despertar por la mañana, Ana encontró el rostro apuesto de Mario a su lado. Él yacía dormido en el sofá, una mano detrás de su cabeza y la otra posesivamente sobre la cintura de Ana, irradiando calor.
La camisa de Mario estaba desordenada y su cinturón había sido retirado, mientras que sus pantalones negros seguían intactos.
Ana, al revisarse, encontró su ropa en orden aparente, pero su intuición femenina le indicaba que faltaba algo. En la ranura del sofá, descubrió una prenda negra, delgad