En la tranquilidad de la noche, Pablo regresó al hospital.
María apenas lo miró una vez antes de volver a hundir la cabeza entre sus rodillas, sumida en su profundo miedo y sin deseo de acercarse a él nuevamente.
Pablo tragó saliva y salió del cuarto. Caminando por el pasillo vacío, el sonido de sus zapatos resonaba con cada paso. Abrió una ventana al final del pasillo y el viento de la noche entró con fuerza, golpeando su rostro y dispersando el olor a perfume que llevaba.
Se oyeron pasos detr