Mario, con los dedos temblorosos, tocó el tocador...
¡Ana había tomado el diario!
De repente, un ligero olor a quemado llegó desde el balcón, el olor de algo carbonizándose... Mario se estremeció, dándose cuenta de lo que estaba pasando, y se apresuró hacia el balcón.
Allí, vio a Ana quemando su foto de boda.
Y luego, vio el diario, también siendo consumido por las llamas en manos de Ana.
Ana estaba sentada allí, observando tranquilamente, como si estuviera quemando algo insignificante.
—¡Estás