—Cuando me abrazas y ves mi cara de éxtasis, ¿te sientes muy orgulloso, verdad? Debes estar pensando que no valgo nada, que fue fácil engañarme y tenerme a tu lado.
—Mario, es verdad que te quise, ¡pero eso se acabó!
…
Ana hablaba cada vez más distraída, su corazón dolido.
Mario estaba exhausto, no era un hombre de buen temperamento y, aunque intentaba consolar a Ana con dulzura, ella no le perdonaba.
Así que, frotándose los ojos, le preguntó: —¿Qué quieres hacer entonces? ¿Seguir viviendo conm