Después del acto, Mario se soltó de Ana y entró a la ducha. Al salir, ya vestido con su pijama, encontró a Ana todavía descompuesta, sin fuerzas siquiera para moverse.
La miró con desdén y, tras un breve resoplido de desprecio, salió de la habitación.
Sentado en su Bentley negro, no se marchó inmediatamente de la villa. En su lugar, encendió otro cigarrillo y se sumergió en sus pensamientos.
La verdad era que, al igual que Ana, él tampoco había encontrado placer en su acto sin amor. Las relaci