Katrina se levanta temprano y lucha contra la debilidad de su cuerpo porque necesita estarse lejos de esa cama o se volverá loca.
Con pasos torpes, ella se dirige a la cocina y le prepara su desayuno favorito al alfa. De alguna manera, hacer lo que tanto ama la llena de vitalidad y por el momento que lleva allí se olvida de su malestar e infortunio.
—¡Mi loba! —exclama Leoncio cuando la vislumbra desde el umbral—. Me asusté tanto cuando no te vi en la cama. —Él se le acerca ansioso y la abraza