En la enorme y lujosa cocina de la mansión, Katrina camina de un lado a otro muy feliz y entusiasmada. Sus pasos se mezclan con los ruidos de los trastes y el tarareo alegre, cuya melodía armoniosa entretiene a Leoncio y lo contagia de esa energía mañanera, que lo hace sentir en un verdadero hogar.
Ya la casa no se percibe vacía como antes, aunque siempre estuvo habitada por diferentes personas, porque esa mujer lo hace sentir realizado y ufano de poder decir que tiene y un hogar dulce y lleno