Un mes después...
Me retuerzo sobre la cama como respuesta al placer que me provocan las caricias de mi esposo.
—Ah... —Gael me besa la piel con hambre y esa habilidad propia de él, lo que me hace perder la cordura. Es exquisita esta sensibilidad, este gusto, esta conexión…
Desde que el arcillo se incrustó en mi oreja, Gael y yo estamos más unidos y nuestro vínculo es más fuerte; pero también el placer es más intenso y nuestras ganas de comernos se ha convertido en una necesidad diaria.
Jadeo c