Gia
Un beso tras otro...
Sus labios carnosos aprietan los míos con hambre y deseo, con mucho amor. El sonido que hacen nuestras bocas al fusionarse se une al canto de los grillos, que son los únicos testigos de cuánto nos amamos, de lo mucho que necesitamos esta intimidad.
—Gael...
—Dime, amor...
—Te amo...
—Yo también te amo. —Gael me abraza con fuerza, como si temiera que yo le fuera arrebatada.
Ambos estamos conscientes de que debemos regresar, pero ninguno dice nada ni mueve un músculo. No