"Acaba con él. Ella es nuestra mate".
Sudores fríos me recorren el cuerpo y tengo que apretar los puños para controlar los temblores que me corroen. Los latidos de mi corazón son tan fuertes, que retumban de forma dolorosa en mi pecho y me llevan al límite de los nervios.
«Debo controlarme».
—Gael, ¿estás bien? —La voz del alfa Leoncio me tortura de forma fastidiosa.
«Debo calmarme, debo calmarme».
—Gael —me llama el alfa Mateus, quien por el tono de su voz luce preocupado, pero puedo percibir