Gael y yo nos hemos sumido en un incómodo silencio cargado de resentimiento y tensión. Por más que trato de entenderlo, no puedo asimilar ni aceptar su argumento.
—No debí decirte nada de esto ni proponerte que seamos novios. Estoy incumpliendo mi promesa y poniéndote en peligro —suelta de repente, lacerando mi corazón en el acto.
—Sabía que te ibas a arrepentir; después de todo, es difícil deshacerte de tu puta. No tienes que inventarte toda esta ridiculez para alejarte de mí, Gael. Lo haré p