Conder habló con Aurora esa misma noche.
No fue una conversación larga, pero sí precisa.
La encontró en una de las estancias laterales, deshaciendo su equipaje con movimientos lentos, distraídos. Cuando él entró, ella alzó la vista de inmediato. Reconoció el gesto de su padre: serio, contenido, cansado.
—No quiero volver a verte tan cerca del consejero del alfa —dijo Conder, sin rodeos.
Aurora parpadeó una vez.
—¿Cassian? —preguntó, como si el nombre no tuviera importancia—. Padre, no exageres.