El alfa comió un poco. No por hambre, sino por necesidad. El alimento no le sabía a nada, pero necesitaba llevar algo en el estómago.
Al terminar, se puso de pie con un movimiento rápido, como si quedarse sentado un segundo más fuera inaceptable. Había demasiado que hacer. Tantas cosas que arreglar, que supervisar, provisiones que dividir. Era el peso que llevaba día con día desde que su padre dejó este mundo. Una carga que no hacía más que aumentar con el paso de las semanas.
Algo que aceptaba