Un par de meses después, Ezra pidió una audiencia con el alfa. Se presentó puntual, con la espalda recta y la mirada firme. Ya no era el muchacho que evitaba los ojos ajenos ni el aprendiz que dudaba de cada paso. Ahora hablaba con seguridad, sin tartamudeos ni vacilaciones.
—Vengo a pedir su permiso —dijo y se forzó a no agachar el rostro cuando sintió los ojos verdes del alfa—. Quiero unir mi vida con Noahlím, con su hija.
Noah lo miró con expresión impenetrable. Cruzó los brazos y dejó que