El silencio se acabó en un pestañeo.
El lobo que había reído fue el primero en lanzarse, seguro que ese par eran hocico y nada de acción.
Noah no esperó. Aunque hubiera querido, el coraje recorría cada músculo de su cuerpo. Estampar su puño en la cara de esos malnacidos se convirtió en una necesidad para él.
Avanzó como una sombra oscura, rápido, letal. El golpe fue seco, directo al rostro. El crujido del hueso resonó antes de que el cuerpo cayera al suelo. No gritó. No tuvo tiempo. Cassian s