El ambiente hostil entre la manada y la familia del anciano consejero del Rey era algo que nadie podía negar. Se respiraba en cada interacción. La mayoría de los lobos los evitaban; no se trataba solo de coraje, en el fondo les temían.
Ellos se jactaban de su poder y de su papel importante como enviados del Rey. Los miembros de la manada no querían que su cabeza fuera cortada por órdenes de esos creídos y malcriados. Muchos bajaban la vista al pasar por su lado; otros se apartaban del camino co