158 Riñas y más riñas
El sol del mediodía ardía sobre el valle del Este. El calor golpeaba con furia y hacía vibrar el aire sobre la tierra reseca. Los lobos trabajaban sin descanso en la reconstrucción de las áreas de escudos, estructuras antiguas que necesitaban reforzarse para proteger la frontera de los malhechores y de los cazadores humanos. El polvo se adhería a la piel y el olor a hierro caliente se mezclaba con el sudor de cuerpos agotados. Martillos chocaban contra el metal con un ritmo pesado, mientras las