—¿Qué tonterías dices? —Noah la miró con el ceño fruncido, como si Aurora se hubiese vuelto loca de repente.
—Digo lo que es. —Aurora se cruzó de brazos, firme, con los ojos clavados en Leah como si fuera basura que alguien olvidó recoger.
La vidente se quedó inmóvil, en silencio.
—¿O acaso crees que algún alfa con apellido, con nombre, con honor… —alzó la voz—, querría tocar a la compañera de Lucian? ¿A la loba marcada por él?
Noah apretó la mandíbula.
—Cállate. No vienen al caso tus come