Leah apretaba ese interruptor interno que avivaba sus visiones. Nada. Michelle estaba encima, poseída por la furia.
Leah logró que una débil luz azul parpadeara en sus ojos. Apenas un hilo de energía.
Michelle lo notó.
—¿Eso es todo lo que puedes hacer, maldita? —gritó, y golpeaba la cabeza de la vidente contra el suelo con brutalidad—. ¡Haz tu magia ahora, perra!
Michelle se encontraba fuera de sí.
Entonces, alguien la quitó de encima con fuerza animal.
La loba cayó hacia atrás, y su cue