Los ojos de Michelle destellaron odio. Coraje. Sus labios se fruncieron.
Quería levantarse y darle un puñetazo a esa estúpida.
«¡Creída de mierd*, maldita idiota!», la mente de Michelle era caótica. Rabiosa.
—Hemos pasado un momento muy crítico para empeorar todo con tu inmadurez —Aurora volvió a hablar.
El conteo de las pérdidas era algo que todavía dolía. Su cerebro no lograba procesar que, entre cada ataque, los más débiles entre los débiles eran los que sufrían. Ver cuerpos desgarrad