El alfa atrapó la mano de Leah. Acto seguido, la olfateó con insistencia.
Ella se quedó muda.
El alfa se enderezó y la tela bajo su cuerpo quedó arrugado.
En seguida, la frágil vidente quedó atrapada entre músculo y calor. El alfa estaba encima de ella.
Leah, boca arriba con la respiración caliente de Noah en sus mejillas. Cosquillas. Confusión.
—¿Q-qué te…? —no completó la oración. El alfa ahora olía su cabello, de nuevo su rostro, hasta bajar a la sensible piel de su cuello.
Esa cercanía la d