—¿Qué? ¡No! No es eso… Yo solo quise ayudar. No fue mi intención que lo viera…
—¿Y bien? ¿También vas a ofrecerme un masaje?
Leah se irguió indignada.
—¿Sabe qué? —levantó el mentón en busca de recuperar un poquito de dignidad—. El alfa Noah es insoportable.
Se dio media vuelta y comenzó a alejarse. ¿Por qué creyó que ese tipo sería diferente a otro machito lleno de testosterona?
Noah la observó mientras se alejaba.
Y por primera vez en todo el día, una sonrisa auténtica surgió en su rostro.
Un