Las garras de un lobo de barba espesa la empujaron dentro de una estancia. Tres lobas con mirada hueca la rodearon en silencio.
Le dieron indicaciones de desnudarse y obedecer.
—Por órdenes del Alfa Cruor —susurró una, mientras untaba un aceite espeso y ambarino sobre su abdomen—. Debes brillar para el festín.
Leah quiso gritar.
Cerró los ojos.
El tacto era una violación lenta: esponjas ásperas restregaron sus muslos, ungüentos fríos sobre los pezones, manos ajenas en su cabello para